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El fin de semana del 18 al 20 de octubre, 166 jóvenes de distintos centros y parroquias agustinianas participaron en la Jornada Juvenil Agustiniana, unos días de fraternidad, comunión y crecimiento conjunto en la fe.
Los tres días que duró el encuentro dieron para mucho: desde juegos y dinámicas a vigilas de oración, pasando por actividades culturales, testimonios misioneros, y paseos por la ciudad.

El viernes era un día para que todos los jóvenes se conociesen y empezasen con ganas una Jornada tan esperada. Por eso, la tarde arrancó con un juego que permitió a todos despegarse de la vergüenza y crear lazos. Antes de irse a descansar, compartieron una preciosa oración preparada por lo jóvenes de Málaga.

El sábado empezó con una oración para poner el día en manos de Dios, pues había muchas cosas por delante. En primer lugar, una actividad cultural en la que poder disfrutar de distintas exposiciones (historia, pintura, fotografía, restauración, valores agustinianos…).

A continuación, quizá uno de los momentos que más huella dejaron en los participantes: unos talleres en los que otros jóvenes y frailes agustinos compartieron su experiencia y testimonio misionero. Entre ellos, la de los Scouts del colegio Valdeluz que estuvieron un mes en verano en Cuba; o la presencia del P. Luis Francisco Andrés, misionero durante 22 años en Panamá . Sus palabras no dejaron indiferentes a los jóvenes agustinianos.

La tarde fue muy musical ya que contó con una actividad en la que compartir bailando y un concierto en la casa de la cultura de San Lorenzo de El Escorial.

A las 8 de la tarde, todos los jóvenes se reunían para participar en una vigilia Eucarística con especial acento en el Domund. La celebración fue presidida por el P. Luis Francisco y contó con el acompañamiento de la comunidad de agustinos jóvenes del Monasterio.

Y, para acabar el día, mucha alegría con juego, preparado por los jóvenes del Alfonso XII, música y baile, que después agradecerían una buena noche de descanso.

El domingo llegó el momento de despedirse, pues algunos tenían un largo viaje a casa. No sin antes celebrar una oración y unirse en un fraterno abrazo agustiniano.