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Voluntariado de los Agustinos en Cuba

Los Agustinos están presentes en muchos lugares del mundo desarrollando su misión en circunstancias muy dispares.

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Actualmente, sin embargo, todos tienen en común la lucha contra el COVID-19. Algo que ha condicionado el día a día de las comunidades y el modo de atender a los niños que estudian en los colegios o de las familias que asisten a celebrar la fe en las parroquias. Como explica desde Cuba el P. José Alberto Escobar Marín, “es tiempo de adaptarse, pero sobre todo es tiempo de alentar”.  En Cuba las tres comunidades de misioneros agustinos conviven con una situación compleja. El P. José Alberto Escobar Marín explica que, con la llegada de la pandemia, lo primero que se cancelaron fueron las catequesis, las actividades con los adultos, ancianos y niños. 

Los Agustinos desarrollan su misión en lugares como Cuba, donde el P. José Aalberto Escobar Marín, afirma que es tiempo de alentar.

Desde hace varias semanas no tienen celebraciones sacramentales en las que puedan participar presencialmente los fieles y han repartido subsidios litúrgicos para poder leer la Palabra de Dios en las casas o rezar el Rosario y el Ángelus. “Hemos comunicado las horas en las que los sacerdotes celebramos la Eucaristía diariamente para estar unidos espiritualmente y en comunión -cuenta-. Y desde los templos parroquiales tocamos las campanas, sin insistir ni molestar, para hacer saber que estamos en manos de Dios Padre que nos sustenta en estos días de incertidumbre y peligro”.

El P. José Alberto es uno de los 7 agustinos que actualmente viven en Cuba, en tres comunidades distantes geográficamente entre sí, en La Habana, Ciego de Ávila y Las Tunas: “Hay mucho miedo y desasosiego porque, aunque la sanidad aquí abarca a todas las personas y los esfuerzos son muchos, todos sabemos la situación real del sistema de salud y sus carencias. Y si el virus se expande las consecuencias pueden ser terribles. Es tiempo de alentar, apoyarnos unos a otros y en la adversidad hacer crecer la esperanza”.

Quizás la sensación de estar expuesto al virus con muy poca protección es lo que hace crecer el temor entre la población, obligada a hacer colas cuando viene la cuota del mes y se reparte una pieza de pollo o cinco huevos para el mes con algo de aceite y arroz: “Hacemos colas de horas para poder adquirir un jabón, una pasta de dientes o un litro de lavavajillas por familia (nos dicen que llegarán a finales de abril o mayo). Y en esas colas obligatorias a la que vamos con mascarilla, sabemos que nos la jugamos. Pero aquí estamos y queremos seguir estando, compartiendo vida y fe con nuestros hermanos”.

Voluntariado en Cuba

Precisamente unas semanas antes de que el COVID-19 pusiera el mundo patas arriba, un grupo de voluntarios de Costa Rica y Panamá emprendió una misión pastoral en Cuba. Todo surgió en una conversación entre el P. Roberto, párroco de la Parroquia de Santa Rita de Casia en Costa Rica y el párroco de San José de Puerto Padre (Cuba).

Tres semanas en las que las costarricenses Guiselle Durán, Stefanie Arias, Yirlany Solano y Jossette Porras; así como la panameña Amanda Santamaría, junto al párroco de la Parroquia Santa Rita han vivido una de las mejores experiencias de su vida, compartiendo el día a día con el pueblo cubano.

Experimentamos un pueblo muy cercano, humano, lleno de fe, esperanza, con un corazón lleno de amor y un rostro alegre -explica el P. Roberto-. Fuimos testigos del cuidado que reciben los enfermos por parte de sus familiares, de la alegría de los niños, los jóvenes intercambiando experiencias, y del deseo por aprender de los adultos”.

Una de las jóvenes, Stefanie Arias, explica que en esta experiencia misionera ha descubierto el verdadero significado de la fe, la esperanza  y la entrega a los demás sin importar religión o raza : “El pueblo cubano y sobre todo, la Iglesia Católica tiene entre sus fieles a hombres y mujeres valientes que han defendido su fe a lo largo de los años y que, orgullosos,  comparten todo lo que han pasado por defender aquello en lo que creen y el amor a la Eucaristía”.

Tras esta experiencia misionera y ya de vuelta en casa con el corazón a punto para seguir anunciando el Evangelio, tanto en Cuba como en el Vicariato de Panamá y Costa Rica, las comunidades de agustinos intentan mantener la rutina, en la medida de lo posible.

Labor social de los Agustinos en Cuba

La actividad misionera está asociada a la cercanía con la gente, a llamar a la puerta, a visitar las comunidades para compartir el día a día de las personas in situ. El COVID-19, sin embargo, obliga a plantearse la misión de otro modo, desde la distancia, sin mirar a los ojos, ni poder poner la mano sobre los hombros de aquel a quien quieres consolar.

Igual que sucede en España, en Cuba la tecnología es el mejor aliado. Los sacerdotes recurren al teléfono y a las redes sociales para comprobar cómo están las familias a las que atienden. Algunas acciones se han suspendido, y otras se hacen de otro modo cubriendo, como dice el P. Alberto, con “servicios mínimos”: “Mantenemos la actividad de tres comedores de la comunidad de Puerto Padre en los que se elabora la comida y se lleva a domicilio o vienen a recogerlas. O como el dispensario de medicinas de Chambas que ahora atendemos por teléfono y desde fuera de las dependencias de la Parroquia y las personas vienen a recoger los medicamentos que nos llegan donados desde España. En La Habana también, con sumo cuidado, aún se celebra la Eucaristía con las religiosas que están en un centro con niños con parálisis cerebral y discapacitados, que tienen a su cargo”.

El P. Alberto hace la entrevista por e-mail y se despide dirigiendo unas palabras a los que están al otro lado de charco: “Como le decimos a nuestra familia, cuidaos mucho por allá vosotros y nosotros por acá también… y todos en manos de Dios”. Una frase que pone el acento en el carácter universal y providencial de la Iglesia.

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