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5 de diciembre, Día Internacional del Voluntariado

A partir del año 1986, y proclamado por las Naciones Unidas, se conmemora el 5 de diciembre el Día Internacional de los Voluntarios. A través de este recordatorio se quiere resaltar la imprescindible labor que realizan las personas que, de forma desinteresada, emplean parte de su vida en favor de los demás en los múltiples aspectos y situaciones de la vida.

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Para la ONU, el voluntario es una persona que ofrece sus capacidades para ayudar a los menos favorecidos y colabora para cumplir los objetivos mundiales, que actualmente son las metas de desarrollo sostenible, contribuyendo así con la paz en el mundo.

Gracias a la labor de los voluntarios, la Orden de San Agustín, a través de sus parroquias, ONG, colegios y fundaciones, desarrolla multitud de iniciativas para apoyar a los colectivos más desfavorecidos de la sociedad. Aquí puedes escuchar el testimonio de alguno de estos voluntarios.

A partir del año 1986, y proclamado por las Naciones Unidas, se conmemora el 5 de diciembre el Día Internacional de los Voluntarios.

Los voluntarios, solo con su ejemplo, logran que otros quieran hacerse también voluntarios, propiciando así, casi sin quererlo, la realización del objetivo humano nº 16 de la Agenda 2030 donde se indica que hay que promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas.

Dado que la vida de las personas y de las sociedades tiene muchos y variados aspectos, así también hay múltiples y diferentes tipos de voluntariados. Nosotros queremos resaltar hoy el voluntariado que se realiza a través de las instancias y estructuras de la Iglesia Católica.

Desde el comienzo del cristianismo ha existido el voluntariado, tal como se entiende en las Naciones Unidas. Los seguidores de Jesús ponían sus capacidades, de forma voluntaria, al servicio de la causa del Reino de Dios, que no era otra que la salvación de cada persona y del pueblo. Una salvación que no sólo tenía que ver con la vida después de la muerte, sino también con la vida aquí en la tierra. De hecho, ya encontramos en el Nuevo Testamento el nombramiento de personas para que atiendan las necesidades de los pobres.

A lo largo de los siglos, se ha entendido como un signo de conversión, de cambio, de manifestación de haber aceptado la fe en Cristo, de estar por el buen camino, el amor a los demás manifestado de muchas maneras. Una de ellas, entre las más importantes, la cercanía, acogida y ayuda a los necesitados, compartiendo con ellos no solo el tiempo, sino también los bienes materiales.

En la actualidad, muchos jóvenes, personas adultas, jubilados, colaboran en actividades colegiales, en las ONGs y Fundaciones de la Iglesia, de las congregaciones religiosas, de los laicos; en las Cáritas diocesanas, parroquiales, como voluntarios y voluntarias al servicio de los más necesitados, tanto los que están en España, como los que están en otros países del mundo. Gracias a ellos es posible llevar adelante los proyectos y programas necesarios para tener un mundo más justo donde exista la paz.

Finalmente, un recuerdo especial para los voluntarios y voluntarias que, en las actividades más específicas de la transmisión de la fe en las comunidades cristianas, emplean su tiempo de forma desinteresada, con mucho amor y dedicación a ser catequistas, cantores, lectores de la Palabra de Dios, y muchos otros servicios que realizan en las parroquias, tanto de las ciudades como del campo. Todos tienen el mismo objetivo, hacer de este mundo, nuestra casa común, un lugar fraterno donde existan sociedades justas, pacíficas e inclusivas, como nos indica las Naciones Unidas.

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