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Agustinos tras los pasos de Jesús por Tierra Santa

Del 3 al 10 de julio, 27 hermanos provenientes de comunidades agustinas de España, Venezuela, Brasil, Honduras y Costa Rica, han llevado a cabo una peregrinación por Tierra Santa. Algunos lo han hecho por primera vez, otros ya lo habían realizado en el pasado como coordinadores de algún grupo de peregrinos.

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En esta ocasión, todos los participantes viajaron a Tierra Santa sin la presión de  ser responsables de un grupo. De esta manera, han podido vivir en primera persona la experiencia de la peregrinación. Unos celebraban este año los 25 o 50 años de profesión religiosa. Otros ya habían pasado esta efeméride en años anteriores, pero no habían podido realizar la peregrinación por motivo del covid-19.

Con ocasión de los 25 y los 50 años de profesión religiosa, un grupo de 27 agustinos han viajado a Tierra Santa.

Caminar

Belén, Nazaret, lago de Galilea, Cafarnaún, Monte Tabor, llanuras, río Jordán, Jericó, desierto, Mar Muerto, Jerusalén, son solo algunos de los lugares visitados. En ellos, los peregrinos han sentido la presencia de los acontecimientos vividos por Juan el Bautista, María y José, Jesús y sus discípulos, como si estuvieran ocurriendo en esos momentos. Lo que antes era imaginarse las cosas, ahora se han vivido de forma real y concreta.

Los peregrinos saben que, de ahora en adelante, cuando lean la Biblia, detrás de cada nombre, lugar, acontecimiento, sermón, milagro, tendrán una imagen, un ambiente, unas circunstancias. Y esto es posible porque han visto los montes elevados, los valles fértiles, el desierto árido, el río y los lagos con sus límites, la población con sus características culturales, religiosas, raciales.

Celebrar

La Eucaristía, centro vital de la vida cristiana y de la peregrinación, ha sido celebrada en un lugar diferente cada día: el Monte Carmelo; el monte de las Bienaventuranzas; la gruta de la Anunciación, en Nazaret; Basílica de la Agonía; el convento franciscano del Cenáculo y la Basílica del Santo Sepulcro, en Jerusalén; la gruta de san Jerónimo, en Belén; y la Iglesia del Bautista, en Ain Karem (no se pudo tener en Emaús), han sido los espacios privilegiados del día para el encuentro con el Señor.

Momentos inolvidables por la importancia del lugar, la palabra de Dios proclamada, el recogimiento experimentado, los cantos afinados, la oración compartida, el recuerdo hacia todos los que no estaban allí, pero que se encontraban presentes en la mente y el corazón de los peregrinos.

Orar 

El Padrenuestro, las Bienaventuranzas, el Magníficat, el Benedictus, el Vía Crucis, se leen y se oran de otra manera en el lugar correspondiente. Dejan de ser frases que se recitan rápidamente, a toda carrera, sin pensar en lo que se dice, para convertirse en expresiones y vivencias llenas de contenido y significado profundo.

Navegando un poco por el lago, dando unos pasos por el desierto, viendo los valles fértiles, flotando en el mar Muerto, subiendo a los montes, le surge al peregrino elevar la mirada a Dios. Se le plantea la pregunta de cómo desde este pequeño país, pero con todos estos contrastes, ha surgido el movimiento, la fe en el Dios más grande, salvador y liberador ocurrido en la historia de la humanidad.

Hermanar

Caminar, celebrar, rezar, comer juntos, conversar, han ido creando lazos fraternos entre todos los peregrinos. Desde el más joven, 46 años, hasta el mayor, 85 años, todos pendientes de todos, ayudándose en cada momento, tanto físicamente como anímicamente.

Algunos de ellos ya se conocían, pero otro muchos no. Esto no ha sido inconveniente alguno en el discurrir de la peregrinación. Al contrario, ha supuesto un reto de cercanía, de apertura, de encuentro con el otro. Religiosos agustinos unidos jurídicamente desde el año 2020 en la nueva Provincia agustina de San Juan de Sahagún, están ahora unidos desde el corazón y el amor fraterno agustiniano.

Palabra final

Al concluir la peregrinación, la palabra que ha salido de la boca de todos no ha sido otra que “gracias”.  Gracias a Dios y a su obra salvífica realizada en la humanidad. Gracias a la Provincia agustina que les animó y sufragó el viaje. Gracias a sus hermanos de comunidad que se lo facilitaron sustituyéndoles en las tareas. Gracias a la agencia de viajes que lo organizó todo. Y gracias, finalmente, al religioso agustino que hizo de guía, porque supo transmitirles conocimientos arqueológicos y geográficos de la tierra de Jesús, pero también las vivencias bíblicas y teológicas necesarias para crecer cada día en la fe en Jesús de Nazaret, el Cristo.

¡ Shalom ¡

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