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Domingo de Pentecostés: ``Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo`` (Jn 20, 19-23)

El domingo 23 de mayo celebra la Iglesia la Fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo que impulsa, a quien lo recibe, a la misión y el apostolado.

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“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”. En este trocito del evangelio de Juan, una especie de Pentecostés íntimo, previo al gran acontecimiento que narra Lucas en los Hechos de los Apóstoles, la recepción del Espíritu Santo está directamente ligada al envío y a la misión. Es como un pasaporte para ese viaje. Y con un sello muy propio que es el de la reconciliación: el Espíritu domina el pecado.

El domingo 23 de mayo se celebra Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, que impulsa, a aquel que lo recibe, a la misión y al apostolado.

Lo hemos recibido en el bautismo, y lo hemos reafirmado en la confirmación. Estamos envidados con la fuerza del Espíritu a compartir la paz, la alegría y la vida, que es compartir a Jesús -la Vida verdadera -, su mensaje, su Buena Noticia. De todo ello, el mundo, nuestro mundo de hoy, necesita mucho.

Es una misión de unificación en la fe, el amor y la esperanza porque el Espíritu unifica. Es, por eso, envío a primera línea, misión de choque frente a las divisiones, las banderas, las fronteras, las instrumentalizaciones, las distinciones que separan, no las diferencias que enriquecen… Pareciera que hoy nos reafirmamos más si nos colgamos muchas medallas de estas; bien visibles, bien sólidas… “Aquí estoy yo”, “aquí estamos nosotros” y “así soy”, “así somos”, reafirmando identidades. El Espíritu funde todo eso para quedarse con la VERDAD.

Y quien se queda con la verdad y la vive con libertad entra en la dinámica de la profecía: LIBERTAD, VERDAD, DENUNCIA. Es la dinámica del Espíritu y de los frutos asociados: amor, alegría bondad, equilibrio. Es la dinámica de Pentecostés.

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