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``De modo que ya no son dos, sino una sola carne`` (Mc 10, 2-16)

El Evangelio del domingo 3 de octubre tiene como tema central el matrimonio. La unión del hombre y la mujer ha sido bendecida y santificada por Dios.

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Uno, en su sano juicio, no suele provocar daño a su propio cuerpo. Jesús nos dice hoy que en el matrimonio el hombre y la mujer “son una sola carne” y deben buscar siempre el uno la felicidad del otro. Ya no te preguntarán si eres feliz, sino si estás haciendo feliz al otro. Porque en la medida en que el esposo haga feliz a su mujer, será también él feliz, y viceversa….  En el matrimonio hay un compromiso de amar para siempre, pero para que esto sea posible “hay que cuidar el amor” como cuidamos de una planta para que no se seque.

El Evangelio del 3 de octubre tiene como tema central el matrimonio. La unión del hombre y la mujer ha sido bendecida y santificada por Dios.

Y sólo se cuida el amor cuando se prioriza por encima de todo, cuando se dedica el tiempo necesario al otro, cuando se es capaz de renunciar a uno mismo en favor del otro, cuando el diálogo y la tolerancia tienen cabida dentro del hogar. Pregunté a un matrimonio en la celebración de sus bodas de oro cuál era el secreto de que se quisieran tanto y me respondieron al unísono: “comprensión, mucha comprensión”. Comprender al otro es ponerse en su lugar, es ser capaz de sufrir y alegrarse cuando el otro sufre o se alegra, igual que todo nuestro cuerpo sufre cuando le duele un miembro. Para conseguir el éxito en el matrimonio hay que tener presente las tres “D”: Dios, diálogo y detalles.

El proyecto de amor según Dios exige permanencia y tiene ansias de plenitud y para siempre, “hasta que la muerte nos separe”. Pero la realidad es que a veces este ideal no se puede vivir, por diversas razones….. En este caso la Iglesia debe ser acogedora. Así lo manifestado repetidas veces el Papa Francisco y lo destacó en la exhortación apostólica “Amoris laetitia”. Ya lo había dicho también el Papa Juan Pablo II en el III Encuentro Mundial de las Familias: “Ante tantas familias rotas, la Iglesia no se siente llamada a expresar un juicio severo e indiferente, sino más bien a iluminar los diversos dramas humanos a la luz de la Palabra de Dios, acompañada del testimonio de su misericordia”.  El Papa Francisco un día de San Valentín, en la plaza de San Pedro, manifestó que en el matrimonio hay tres palabras claves: “permiso (respeto), perdón y gracias”. El verdadero amor no espera que el otro dé el primer paso. Se lanza el primero, toma la iniciativa. Además, es comprensivo, disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites. Sabe perdonar porque no busca el propio interés, sino el del otro. Es capaz de decir “¡Perdóname!!” y “Te perdono, porque te quiero”. Es como tener al ser querido en un pedestal, buscando en todo momento su bien. Es como si se dijeran; “Mi vida eres tú”, o “sin ti no soy nada. El amor mutuo es el mejor camino para entender y amar a Dios.

Jesús fue el primero en poner como modelo a un niño: “de los que son como niños es el reino de Dios”. Un niño no tiene prejuicios ni ambiciones, ni estatus social, ni puede pagar el bien que le hacen. Depende totalmente de los demás y ama sin condiciones. Y así es Dios, amor sin condiciones para todos….  Nosotros nos fijamos y tenemos como modelos a los triunfadores del deporte, la música, el cine… Jesús nos propone como modelo a un niño, porque todos tenemos que ser como niños y vivir como niños ante Dios nuestro Padre, que ama a todos sin condiciones.

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