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Día de la Madre: Las madres, el gran invento de Dios

Mayo tiene sabor de Madre. Con mayúscula porque es decir María – regalo materno de Jesús a la humanidad – y pensar en ese regazo que ha sido para nosotros una huella de Dios, un corazón en vela, una caricia interminable.

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Cada uno ha tenido – o tiene – una madre de la que hablamos con palabras y adjetivos que no acertamos a deshojar. Un día, descubrimos que las madres también envejecen y mueren; que su corazón – fábrica de besos – comienza a renquear o su cabeza, cubierta de pelo encanecido, viaja por los caminos sin fin del olvido. La carne, dolorida y flácida, presenta las cicatrices de los años.

Con ocasión del Día de la Madre, que se celebra el domingo, 2 de mayo, nos fijamos en la importancia de las madres en la vida de cualquier persona.

Los hijos crecen, las madres mueren. Mueren sin saber si es mejor que los hijos crezcan o sean eternamente niños que necesitan papillas y vacunas. Mueren sabiendo que su sangre continuará corriendo por los ríos de otras vidas, mueren amando y velando por todos, como se duerme a pie firme un centinela.

Nos enseñaron a hablar, a reír y a rezar. Nos despertaron muchas veces con el beso fresco de la mañana, se inventaron sorpresas para hacernos felices, leyeron nuestros pensamientos las tardes de tristeza. Pacientes, curiosas, intuitivas, incomparables, insustituibles.

La orfandad es un hueco que nadie puede llenar. La madre es una presencia imborrable en la alacena de los recuerdos. Escuchamos el rumor de sus palabras que acompañaban a la taza de leche cuando un simple dolor de cabeza nos venía infinitamente grande. No hay ninguna edad para pensar que la madre sea prescindible y soñamos con el reencuentro feliz. La vida es un paso de cebra que hay que cruzar con cuidado y los ojos fijos en Alguien que nos espera en la otra orilla con nuestros padres en segunda fila saludándonos.

La humanidad necesita su versión femenina. Sin la mujer serían muchos más los desamados del planeta y sin una madre a nuestro lado – el gran invento de Dios Padre/Madre – sería difícil sentir el arco iris en el alma.

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