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Día Internacional de la Mujer trabajadora: “Hombre y mujer los creó”

La celebración del Día Internacional de la Mujer se remonta a finales siglo XIX, después de la Revolución Industrial, un periodo histórico que transformó la economía y el modo de trabajo desde finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

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Uno de los problemas más graves que trajo esta industrialización fue que muchas mujeres se encontraran explotadas laboralmente, sin ninguna ley que las protegiera. En 1975 las Naciones Unidas institucionalizó que, cada 8 de marzo, se celebrara el Día Internacional de la Mujer.

La fecha escogida recuerda lo sucedido en Nueva York el 8 de marzo de 1857. Ese día, las mujeres que trabajaban en la industria textil, llamadas “garment workers” en inglés, organizaron una huelga en la que reivindicaban que hubiera salarios más justos y condiciones laborales más humanas.  La huelga terminó con la detención de las mujeres.

Asociar el color morado a esta fecha también tiene una razón histórica. Era el color de las camisetas que fabricaban las shirtwaists, 146 mujeres que murieron calcinadas en un incendio que se produjo en una fábrica textil de Estados Unidos en 1911. Los hechos se le atribuyeron al propio jefe que, ante la huelga de las trabajadoras, prendió fuego al edificio con todas ellas dentro. Esta misma historia relata que el humo que salía de la fábrica, y que se podía ver a kilómetros de distancia, era precisamente de color violeta. Pero, más allá de lo anecdótico, las propias sufragistas inglesas también lo adoptaron en 1908, junto con otros dos colores, el verde y el blanco, como símbolo de la pureza y la esperanza.

La celebración del Día Internacional de la Mujer se remonta a finales siglo XIX. La ONU institucionalizó su celebracón en 1975, cada 8 de marzo.

Actualmente, en muchos países las mujeres todavía sufren una desprotección legal y la desigualdad en el acceso a derechos y libertades fundamentales. Por eso sigue se sigue celebrando este día, que pretende reivindicar los derechos de las mujeres y recordar públicamente todo lo que falta, en muchos países y contextos, para que sea tratada con dignidad e igualdad.

En nuestro país, la Constitución Española defiende en su artículo 14: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Sin embargo, sigue quedando mucho trabajo por hacer en todo lo que tiene que ver con la conciliación laboral y familiar. Las evidentes dificultades para lograrla, llevan a muchas mujeres a renunciar a su carrera profesional. Por no hablar de las desigualdades que se vive de puertas adentro, en cada hogar o en la educación de las futuras generaciones.

Desde la Iglesia se insiste en la igualdad de derechos y oportunidades de hombres y mujeres, que son iguales en dignidad ante Dios. Pero también insisten en la importancia de defender la complementariedad entre hombres y mujeres. Defender la complementariedad es defender la esencia de cada uno y apostar por el enriquecimiento que supone convivir, en igualdad, desde la diferencia. A esta idea se refiere el Génesis cuando afirma: “Dios crea al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, iguales en su humanidad, con idéntica dignidad personal, y al mismo tiempo en esencial y profunda relación de hombre y mujer”.

“Por su mente, en cuanto al conocimiento intelectual, la mujer, ciertamente, es por naturaleza igual al hombre”, reflexionaba en el S. IV San Agustín, en las Confesiones.

En una jornada como la de hoy, a mujer y trabajadora, queremos añadir el calificativo de “religiosa” y le hemos pedido a una religiosa agustina misionera, la Hermana Mª Paz Martín, que comparta en el podcast “Los agustinos a tu lado” qué significa para ella ser hoy mujer, religiosa y trabajadora.

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