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Evangelio del I Domingo de Cuaresma, según San Agustín: ``Serían cristianos si prestasen oído a Cristo`` (Lc 4, 1-13)

En este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos presenta las tentaciones de Jesús.

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San Agustín nos advierte en el Sermón 313 E, 4 de no escuchar al diablo, de no seguir a los falsos cristianos que nos sugieren que no sigamos el mensaje del Evangelio y que nos desviemos del camino de Jesús. Estos falsos cristianos para San Agustín son los donatistas de su tiempo, de quienes dice que no son cristianos pues no prestan oído a Cristo. Más bien dan crédito al diablo que les separó de la paz de la Iglesia y luego les dio a quienes se precipitan.

Ahora bien, si por error, nos hemos desviado del camino, San Agustín nos dice que no perdamos nunca la esperanza en el amor y en la misericordia de Dios. No seamos como Judas, arrepintámonos y abrámonos al perdón de Dios que siempre está pronto para perdonarnos.

El I domingo de Cuaresma, el Evangelio habla de las tentaciones. Sobre este asunto, San Agustín nos advierte que no escuchemos al diablo.

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La tentación

En el momento de la tentación -pues el Señor fue tentado, para que nosotros aprendiéramos a resistir al tentador- dijo el diablo al Señor: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo. En efecto, lo había llevado al pináculo del templo; no reconocía en él a su Señor, y le enseñaba el precipicio como a un hombre.  Ignorando que era su Señor, probaba en el verdadero Cristo lo que preparaba para persuadir a los falsos cristianos.

La respuesta de Jesús

¿Qué respondió el Señor, nuestro maestro y salvador, al diablo que le sugería tales cosas? Ponte detrás, Satanás, pues está escrito «No tentarás al Señor tu Dios».

Efectivamente, el diablo tomó de la Escritura su sugerencia, y el Señor le respondió con la Escritura. El diablo había dicho al Señor: «Pues está escrito que te mandará a sus ángeles, que te cogerán en sus manos, no sea que tu pie tropiece contra una piedra.

Precipítate —le dice— y, si eres Hijo de Dios, los ángeles te recibirán en palmas; ¿por qué temes?» Podía el Señor arrojar su carne sin permitir que muriera, pero Cristo no enseñaba a los futuros cristianos lo que el diablo le sugería cuando lo tenía presente.

La respuesta de Judas

Según está escrito, para que Judas entregase a Cristo, entró Satanás en su corazón; quien le persuadió a entregar a Cristo, él mismo lo convenció para que se ahorcase con una soga. Se arrepintió de haber entregado la sangre de un justo, pero su arrepentimiento fue sin esperanza; se arrepintió, pero perdió la esperanza, no creyó que podía recibir el perdón. No se acercó al que había entregado, no le pidió perdón, no imploró su liberación, no se encomendó a la redención obrada por su sangre. El Señor, que fue misericordioso con los judíos, no se hubiera mostrado cruel con Judas.

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