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Evangelio del III Domingo de Pascua, según San Agustín: ``Si no amas al hermano, a quien ves, ¿cómo puedes amar a Dios, a quien no ves? (Jn 21, 1-19)

En este tercer domingo de Pascua vemos cómo el Señor Resucitado se presenta resucitado a los discípulos que están pescando.

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Y después de comer con ellos, le pregunta a Pedro si le ama. San Agustín nos invita a que también nosotros, como Pedro, respondamos a su amor, digamos que amamos a Dios. Pero cuidado, porque para amar a Dios hay que hacerlo bien; no valen las palabras, sino que hay que amar a Dios a través del amor a los hermanos.

El amor a Dios siempre pasa por el amor a sus ovejas, porque Jesús murió y resucitó para que todos tengamos vida y vivamos amándonos entre nosotros.

Ved que el Señor, apareciéndose otra vez a los discípulos después de la resurrección, somete al apóstol Pedro a un interrogatorio, y obliga a confesarle su amor por triplicado a quien le había negado otras tres veces. Cristo resucitó en la carne, y Pedro en el espíritu pues, como Cristo había muerto en su pasión, así Pedro en su negación. Cristo el Señor resucita de entre los muertos, y con su amor resucitó a Pedro. Preguntó por el amor de quien lo confesaba y le encomendó sus ovejas. ¿Qué daba Pedro a Cristo por el hecho de amarlo? Si Cristo te ama, el provecho es para ti, no para Cristo; y, si amas tú a Cristo, el provecho es también para ti, no para Cristo.

En este tercer domingo de Pascua vemos cómo el Señor Resucitado se presenta resucitado a los discípulos que están pescando.

¿Me amas? Te amo

No obstante, queriendo mostrar Cristo el Señor dónde han de mostrar los hombres que aman a Cristo, lo recomendó en sus ovejas. Es algo que dejó suficientemente claro:

– ¿Me amas?

-Te amo.

-Apacienta mis ovejas.

Y así una, dos y tres veces. Él no respondió, sino que lo amaba; el Señor sólo le preguntó si lo amaba; al que le respondió afirmativamente sólo le encomendó sus ovejas. Amémoslas nosotros, y amamos a Cristo.

Cristo, en efecto, Dios desde siempre, nació como hombre en el tiempo. Como hombre nacido de hombre, se manifestó como hombre a los hombres; en cuanto Dios en el hombre, hizo muchas obras maravillosas. Como hombre sufrió abundantes males de manos de los hombres; en cuanto Dios en el hombre, resucitó después de la muerte. Como hombre con los hombres, vivió en la tierra durante cuarenta días; en cuanto Dios en el hombre, subió a los cielos en su presencia y está sentado a la derecha del Padre.

 Amar a quien no vemos

Todo esto lo creemos, no lo vemos; y se nos ordena amar a Cristo el Señor, a quien no vemos; y todos proclamamos y decimos: «Yo amo a Cristo». Si no amas al hermano, a quien ves, ¿cómo puedes amar a Dios, a quien no ves? Demuestra que tienes amor al pastor amando a las ovejas, pues también las ovejas son miembros del pastor. Para que las ovejas se convirtiesen en miembros suyos, él mismo se dignó hacerse oveja; para que las ovejas fuesen miembros suyos, fue conducido al sacrificio como una oveja; para que las ovejas se hiciesen miembros suyos, se dijo de él: He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Pero grande es la fortaleza de este cordero.

¿Quieres conocer cuánta fortaleza mostró tener? Fue crucificado el cordero y resultó vencido el león. Ved y considerad con cuánto poder rige el mundo Cristo el Señor, si con su muerte venció al diablo.

Sermón 229

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