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Evangelio del XIV Domingo del Tiempo Ordinario, según San Agustín: Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies (Lc 10, 1-12. 17-20)

Al comentar San Agustín este pasaje bíblico, nos estimula a darnos cuenta cuál es la mies para la que hay que pedir operarios. Hay operarios que ya habían trabajado, el pueblo judío, pero se van a encontrar con nuevos campos: los gentiles.

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Actualmente encontramos personas que siguen los pasos de Jesús. Pero tenemos que ir hacia nuevos campos de misión, hacia los alejados, hacia los que se marcharon porque no encontraron aquello que buscaban, entre nosotros. A todo ello nos invita San Agustín, a partir del Evangelio de hoy.

El Evangelio de hoy se refiere a la necesidad de personas -operarios- para trabajar en el anuncio de la Buena Noticia.

No tengamos miedo de entrar en tierras desconocidas, de buscar en otros lugares, porque el Señor es el que nos envía, para que todos puedan conocer su mensaje de salvación.

La mies es mucha

El texto evangélico que se acaba de leer me invita a investigar y, si soy capaz, a indicar qué significa la mies a propósito de la cual dice el Señor: La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Rogad al Señor de la mies que envíe operarios a su mies. Entonces agregó a los doce discípulos, a quienes llamó apóstoles, otros setenta y dos y los envió a todos, como resulta de sus palabras, a la mies ya sazonada.

 

¿Cuál era, entonces, la mies? No hallándose la mies en los gentiles donde no se había sembrado, resta solo entender que se encontraba en el pueblo judío. A esta mies vino el dueño de la misma. A esta mies envió a los segadores. A los gentiles, al contrario, no envió segadores, sino sembradores. Nos parece, pues, que la mies fue recogida en el pueblo judío. De ella fueron escogidos los mismos apóstoles. Allí estaba ya madura para la recolección, pues la habían sembrado los profetas.

Rogad

 

Presta atención, pues. Gozaos contemplando conmigo en el campo de Dios dos tipos de mies: una ya recolectada y la otra aún por recolectar. La ya recolectada en el pueblo judío, y la aún por recolectar, en el gentil. Voy a probarlo. ¿Y cómo, sino con la Escritura del dueño de la mies? Ved que aquí, en el presente pasaje, se dijo: La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a la mies. 

 

Y puesto que al recolectarla se encontrarían con judíos que iban a llevarles la contraria y a perseguirlos, añadió: Ved que os envío como corderos en medio de lobos. Acerca de esta mies voy a mostraros algo más evidente.

 

Quienquiera que sea yo, el obrero que el Señor puso en su campo, a mí me corresponde deciros estas cosas: sembrar, plantar, regar, cavar alrededor de algunos árboles y echarles algún cesto de abono. Me toca a mí hacerlo con fe y a vosotros acogerlo con la misma fe; al Señor toca ayudarme a mí a trabajar, a vosotros a creer y a todos a esforzarnos, pero venciendo en él al mundo. He dicho, pues, lo que os toca a vosotros; ahora quiero decir lo que me incumbe a mí.

 

Sermón 101, 1-2.4

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