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Las parroquias agustinas y los novios que se van a casar

El noviazgo, esa etapa de las parejas donde todo es felicidad. En ese momento se suele decir “están tan enamorados”, “siempre van cogidos de la mano”, “hechos el uno para el otro”. Sin embargo, la vida en común es una carrera de fondo. Y por eso, del mismo modo que uno se prepara antes de dar un paso importante en el trabajo, es fundamental sentar las bases para que, ante una decisión tan relevante como el matrimonio, las personas implicadas tengan las herramientas necesarias para poder superar juntos cualquier contratiempo que surja.

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San Manuel y San Benito es una de las parroquias en las que parejas de novios se preparan para el sacramento del matrimonio.

La etapa del noviazgo y, sobre todo, la preparación para el sacramento del matrimonio, ha sido siempre un desafío para la Iglesia. En los últimos años, la Pastoral Familiar le está dando más importancia a este momento. Ya no basta con hacer el expediente oficial para casarse, y aprovechar ese momento para hablar del matrimonio católico. Se trata de ofrecer una formación de calidad y en cantidad a las parejas que deciden dar un paso tan importante en la vida.

En la Parroquia de San Manuel y San Benito de Madrid se realiza, dos veces al año, el cursillo prematrimonial. Se acogen parejas que provienen de distintas partes y parroquias de Madrid. Así, en él último cursillo de día y medio de duración, llevado acabo a comienzos de marzo, han participado 24 parejas. ¿Qué han hecho?, escuchar, hablar, compartir, reflexionar, celebrar.

Todo esto es posible gracias a sacerdotes, a especialistas en distintas materias, a parejas de matrimonios, todo un equipo al servicio de los novios. Entre los matrimonios encontramos a María y Andrés. Ellos tienen una gran experiencia para compartir con los novios la realidad que van a vivir a partir de la boda.

Compartir la experiencia de vida en pareja

Para María y Andrés, encontrarse con esos novios ilusionados ante la nueva etapa que comienzan, les hace revivir su propia historia: “Nos lleva a recordar y repasar el camino que nosotros llevamos recorrido como matrimonio”.

De hecho una de las partes del cursillo consiste en rememorar los primeros años de matrimonio en cuanto a, “cómo hicimos para gestionar los cambios, contratiempos, ilusiones que se cumplieron, desilusiones habidas. Es un repaso de nuestra vida en pareja que nos permite dar orientaciones, consejos a los futuros matrimonios”.

No solo reflexionan y aprenden los novios

No hay duda que cuando uno da, también recibe. Esta pareja ve su participación en el cursillo prematrimonial como “una oportunidad de reflexionar y valorar la vocación al matrimonio que elegimos un día”.

Una vocación que no solamente tiene una dimensión humana, sino también creyente. María y Andrés expresan que “el éxito de este caminar juntos está, sobre todo, en saber y sentir la presencia continuada del Señor junto a nosotros”.

Ellos ven su participación en el cursillo prematrimonial como una forma de servicio al Señor y a la Iglesia. Así, entienden su presencia como una forma de “llevar a la práctica lo que el Señor nos pide: darnos a los demás para ser instrumentos suyos”.

Me caso por la Iglesia

Para este matrimonio compartir sus experiencias “es poner nuestro granito de arena para difundir el valor del sacramento del matrimonio, su trascendencia e importancia”.

Solo pretenden decir a los novios “cómo es y cómo vive un matrimonio cristiano (con sus aciertos y desaciertos)”. “Sobre todo ponemos el énfasis en la sacramentalidad del mismo”. “Con ello queremos colaborar en la transmisión del mensaje de Jesús”. “Su modo y forma de entender esta vida siempre con la mirada puesta en ÉL”.

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