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Los agustinos de Huelva cumplen 25 años de presencia en la diócesis, donde atienden tres parroquias y la capellanía de la cárcel

La Orden de San Agustín llegó a la Diócesis de Huelva en 1996, un 19 de septiembre, día en el que la Iglesia recuerda la figura de San Alonso de Orozco.

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Tan solo unos días después, el 24 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de la Merced (patrona de las prisiones y de las personas privadas de libertad), el P. Emilio Rodríguez Claudio y el P. José Izquierdo Mucientes, entraban por primera vez en la cárcel de Huelva, para conocer la realidad e iniciar el trabajo con los presos.

Los agustinos de Huelva cumplen 25 años de presencia en la diócesis, donde atienden tres parroquias y la capellanía de la cárcel.

El origen de este servicio fue en una conversación entre el actual Prior General, el P. Alejandro Moral -que en 1996 era Prior Provincial de la Provincia de España- con el obispo de la Diócesis de Huelva -entonces Mons. Ignacio Noguer Carmona-, quien solicitó ayuda para atender la pastoral penitenciaria. La respuesta fue afirmativa y así comenzó la andadura de la comunidad agustina, que actualmente atiende además tres parroquias.

En un principio, en el año 1996, se encomendó a los agustinos la pastoral de la cárcel y la parroquia de Ntra. Sra. de Bellavista; un años después la parroquia Regina Mundi de Corrales  y en el año 2000 la parroquia de Ntra. Sra. de los Remedios, las tres del municipio de Aljaraque.

Desde el inicio, el P. Emilio – quien ya había tenido algún contacto con esta realidad en una etapa previa en Argentina-, ha sido el capellán de la prisión.

Como ha sucedido con tantas actividades, la pandemia ha obligado a un parón. Y en este momento no se celebra la Eucaristía los fines de semana, ni se desarrollan los talleres de oración, Biblia, música, así como los grupos de formación para recibir los sacramentos.

En circunstancias normales, el equipo de pastoral penitenciaria cuenta con cerca de cuarenta voluntarios, la mayoría jubilados, que entran en los módulos, por parejas, con el principal objetivo de hablar con los internos y acompañarles en sus preocupaciones. A veces, hacen de intermediarios con los familiares y les ayudan con trámites, en colaboración con los trabajadores sociales de la cárcel.

También existe un servicio de paquetería, para hacerles llegar ropa o libros. Asímismo, se lleva seguimiento de revisiones médicas con odontólogos y oftalmólogos, que hay que hacer fuera del centro. El P. Emilio explica que se presta especial atención a las personas que sufren algún tipo de enfermedad mental y que son más vulnerables al estar privadas de libertad.

Parte de la pastoral penitenciaria se lleva a cabo en colaboración con Cáritas diocesana, que tiene un programa de pisos de acogida a presos que salen de permiso o que disfrutan de libertad condicional.

Al hablar de estos veinticinco años son muchos los nombres y los rostros en los que piensa el P. Emilio Rodríguez: voluntarios, religiosos agustinos, religiosas de diversas congregaciones, internos y jóvenes que han participado en campos de trabajo durante los veranos, dedicando su tiempo y sus dones a una pastoral muy especializada y bastante desconocida, incluso entre la comunidad cristiana.

A todos ellos, se siente muy agradecido el P. Emilio Rodríguez, que está deseando que las catequesis y las celebraciones vuelvan a acoger en la prisión a todos aquellos que tienen la necesidad de acercarse a Dios.

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