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Tercer Domingo de Cuaresma: ``No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre`` (Jn 2, 13-25)

El Evangelio del domingo 7 de marzo habla de cómo Jesús expulsó a los mercaderes del templo, durante su visita a Jerusalén.

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En la Buena Noticia que Jesús propone, pero qué nos propone. En su mensaje hay una novedad radical.

En aquella “Pascua de los judíos” y todo lo que había alrededor… había algo que no cuadraba.

El Dios Padre- Amor – Misericordia que nos revela y que él conocía en la intimidad de las noches y madrugadas de oración fecunda, poco tenía que ver con la religiosidad hecha de ritos externos, de sacrificios, de comercio, de templos de piedra… de intento de manipulación de Dios en último término.

El Evangelio del domingo 7 de marzo habla de cómo Jesús expulsó a los mercaderes del templo, durante su visita a Jerusalén.

El gesto llamativo de la expulsión de los mercaderes del Templo no pasó desapercibido y seguro que le trajo a Jesús complicaciones. Pero es una acción que está en el cimiento y sentido más profundo de su misión. Es un gesto profético, el anuncio claro de una nueva relación con Dios. El gesto se ve reforzado con las palabras sobre la reconstrucción del Templo. Cuando llega lo nuevo, lo viejo termina. Y tiene que ser reconstruido. A eso se nos invita: a acoger esa novedad.

¿Y dónde está la novedad que proféticamente propone Jesús? En el valor de lo de dentro muy por encima del valor de lo de fuera, porque dentro brilla lo verdadero. Es más: mucho envoltorio, mucho ropaje, mucha cosa secundaria, falsea lo auténtico. Cuanto menos, despista.

Los signos que Jesús hacía llevaron a muchos a creer. Pero una fe basada en signos, no genera la confianza de la auténtica y verdadera relación con Dios que propone Jesús: la relación desde “lo que hay dentro de cada hombre” y que Él conoce bien. ¿En qué está basada nuestra fe?

La Cuaresma es tiempo de Gracia y conversión también para despojar de lo secundario nuestra relación con Dios. Para asentarla en lo verdadero, en lo que hay dentro. De eso se trata, de una nueva relación con Dios.

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