(20 de mayo de 1932 – 30 de septiembre de 2021)

P. Gerardo Ureta Prida, O.S.A.

El P. Gerardo nació el 20 de mayo de 1.932 en la pintoresca localidad de Ceceda, perteneciente al concejo de Nava, comarca de Oviedo, situada en el oriente de Asturias en el corazón de la Comarca de la Sidra. Sus padres D, Ramón y Dña. Asunción le pusieron dos nombres: Arturo Manuel, en lo civil, y Gerardo en la Iglesia.

Emitió su profesión religiosa temporal el 13 de septiembre del año 1950; la ordenación sacerdotal el 15 de julio de 1956. Su primer destino fue la Escuela Apostólica Agustiniana de Palencia, donde enseñó las cinco declinaciones y las cuatro conjugaciones latinas; además de llevar la procuración del Seminario.

Fue trasladado a la Casa Provincial de Columela 12 en Madrid. Y en el año 1968 se ofrece, como voluntario para la Misión de Cafayate, recientemente aprobada en el consejo provincial. El 24 de enero de 1969 se embarca en el puerto de Barcelona, en compañía del P. Esteban Labrador, también voluntario, con un voluminoso equipaje rumbo a Buenos Aires. El día 10 de febrero desembarcaron en la metrópoli argentina, donde les esperaba el P. Diego, juntamente con el P. Servando, el P. Daniel y el P. Cipriano, que era Vicario Parroquial en la Iglesia de San Agustín.

Y el día, 3 de marzo, del mismo año 1969, partieron de Buenos Aires a la ciudad de Salta, los Padres Diego y Gerardo, siendo muy bien recibimos por Mons. Carlos Mariano Pérez, arzobispo de la Arquidiócesis de Salta. Unos días después, el sábado 8 de marzo, tomaron el camino sinuoso hacia la ciudad de Cafayate, acompañados por el Señor Arzobispo, que le hizo de cicerone en el sorprendente viaje por la quebrada.

Después del almuerzo en la localidad de San Carlos, se dispusieron para arribar en Cafayate, donde fueron recibidos de manera apoteósica por todo el pueblo, que les saludaba con enorme calor humano y cara de fiesta, nos comenta el mismo P. Gerardo.

Al día siguiente en la Misa Dominical se leyó el Decreto del Señor Arzobispo en el cual se designaba al R. P. Diego Gutiérrez, Cura Párroco de Cafayate y al R. P. Gerardo Ureta, Cura Párroco de San Carlos. Con toda verdad podemos nombrarles “pioneros de la misión de los Valles Calchaquíes”.

La nueva andadura del P. Gerardo supuso una considerable transformación en su vida. Su amigo y compañero de curso, el P. Hipólito le considera como “un israelita sin doblez” (Jn 1, 47), adornado de valiosas virtudes: “agustino de corazón grande, religiosos puntual y piadoso, misionero a todo terreno, ingeniero y constructor, aprovechando el don recibido para las tareas de electricidad o mecánica”.

Entre sus variadas obras podemos destacar, la construcción de la Casa Parroquial y Curia Episcopal de Cafayate, la Iglesia en honor a San Isidro de El Barrial, la extraordinaria Iglesia de Santa María; también en los años pasados en La Parroquia de Santa Teresa en Salta, construyó la Iglesia en el Barrio de San Antonio, como también inició la Iglesia en el Barrio El Casino; en el ocaso de su vida puso todo su empeño en la Iglesia de la localidad de San Carlos, en el Departamento de Santa María. Otras obras quedan en el recuerdo. La ayuda brindada a los jóvenes para continuar sus estudios, transportándoles diariamente desde San Carlos a Cafayate.

Es digna de mencionar la bodega de Santa María de la Vid, por todos conocida, donde la mano trabajadora y le mente lúcida transformo un desierto en una hermosa viña, con fines sociales de ayudar a los pequeños productores de la zona. Fueron años de esfuerzo y voluntad puestos al servicio de la Prelatura y de la Iglesia, en definitiva. Hoy continúa aportando a las necesidades eclesiales excelentes beneficios.

Sus amigos Mons. Nicolás y el P. Hipólito también mencionan y con toda justicia, su vida de pastor que, como buen sacerdote, supo sembrar la Palabra de Dios con anécdotas y vivencias personales, que en ocasiones le alargan sus homilías. Siempre entregado a la comunidad agustiniana y parroquial, para compartir y ayudar a caminar y crecer en la senda de la santidad, particularmente en el Sacramento de la Reconciliación. Supo escuchar y aconsejar a muchas personas que acudían a él en busca de una palabra precisa y alentadora.

En los últimos meses de su larga vida, el Señor lo llamó a los 89 años de edad, 71 de vida religiosa y 65 de sacerdote, fue desmejorando física y mentalmente, pero siempre se conservó fraterno y dispuesto a brindar el pensamiento espiritual a los Grupos de la Legión de María y acompañar a sus hermanos.

Gerardo en la celebración de tu Pascua, el paso a la Casa del Padre, estoy seguro, que el Tatita Dios te abrazó fuertemente y los ángeles cantaron: “Ven a recibir la herencia del Reino Celestial que has cosechado con las obras buenas de cada día, porque lo que hiciste con el más pequeño de mis hermanos, me lo hiciste a Mí” (Mt 25,34).

P. Pablo Hernando Moreno, OSA

 

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