(17 de mayo de 1937-8 de noviembre de 2021)

Fr. Juan Manuel Salvador Cazorro, OSA

Había que contar casi siempre con Fray Juan Manuel, te convenía, porque actuaba como de antecámara de la casa y del prior; no sabríamos describir su función con otras palabras. ¿Ibas a llegar tarde a comer? Mejor que se lo contaras. ¿Necesitabas una habitación porque acababas de recoger la maleta en el aeropuerto, o como humilde pedestre viajabas en cercanías? Habla con Juan Manuel; no todo el tiempo fue así, pero vale para casi toda su estancia, desde 1986, en la residencia de san Manuel y san Benito, la casa provincial en Madrid. Llave que se necesitaba, llave que tintineaba en el sonajero metálico de Juan Manuel. Confiamos en que san Pedro le habrá abierto la puerta con cierta premura porque si no, el recién llegado empezaría a rebuscar en su propio llavero y en los bolsillos del hábito. Además, recordaba bien las tradiciones domésticas de cada fecha.

Tuvo siempre dificultad con la vista y el oído; se le fue reduciendo el campo visual muchísimo; de aquí la admiración que causaba cuando se enteraba uno de que bajaba a primera hora de la mañana, en tiempos a las siete, para abrir los candados y las pesadas puertas de la iglesia de modo que pudiera entra la gente madrugadora del Barrio de Salamanca.

De los alrededores del metro Retiro, y bastante más lejos, conocía y acudía a los comercios donde se compraba buen género, porque lo buscaba, tanto en alimentación como en indumentaria. No hay que confundir la pobreza con la miseria, te espetaba a veces.

En su casa de Fuentecén (Burgos) estaba la panadería del pueblo, por lo que él no recordaba haber pasado necesidad, dejemos así el vocablo, ni en tiempo del racionamiento, que naturalmente le tocó, porque sus padres, Perpetuo y Sofía, lo acunaron desde el 17 de mayo de 1937. Los dos hermanos se llaman Francisco y Carmen

En la iglesia parroquial, patrocinada por san Mamés, de su pueblo, recibió el agua de Jesucristo, y pocos meses después, incluso antes de que pasasen dos años, el obispo le confirió el sacramento de la confirmación; un poco precipitado, sí, para que pudiera aprobar el cursillo de preparación …Andaría el prelado por aquella zona, zona nacional, nunca mejor dicho, porque se había terminado la persecución religiosa el 1º de abril de 1939, apenas cumplidos los dos años de su nacimiento.

Recibió el hábito de la Orden el 12 de enero de 1958. Había por entonces un buen número de jóvenes que se preparaban para profesar la regla de san Agustín, pero no propiamente para recibir el presbiterado y trabajar así en la iglesia de Dios, sino en las variadas “oficinas” que había en las casas y más todavía en el Monasterio casi autosuficiente de Santa María de La Vid. Para vivir los 365 días de noviciado se trasladó a Palencia, único lugar entonces para poder realizarlo.

La formación subsiguiente la fue asimilando en el Monasterio de La Vid. Y allí pronunció la profesión religiosa solemne el día 13 de enero de 1962.

El monasterio y la residencia San Manuel y san Benito, aunque trabajara también en Cádiz y en Palencia, son los lugares en los que podemos reconstruir la dedicación de Fray Juan Manuel a las comunidades respectivas con constancia y dedicación ejemplares. Cuánta más actividad habría desarrollado de haber disfrutado de ojos más sanos; en cuanto a los problemas de audición se defendió siempre mejor.

Sin salir de La Vid, donde estudiaban un grupo numeroso de filósofos y teólogos, le tenemos que imaginar defendiendo las galletas, el chocolate, los chorizos, el jamón y hasta el aceite guardados en la despensa común, de la rapiña divertida de algunos de ellos porque mientras unos le distraían con preguntas insustanciales o dónde tenía escondido su gato (también objeto de especulación), otros penetraban en el cuarto de las alacenas y llenaban los bolsillos de lo que podían. Era un juego constante entre ellos que nunca se terminaba.

El año 1986 fue trasladado a Madrid a la Residencia San Manuel y San Benito, como está escrito arriba, donde continuó su actividad constante y trabajadora, siempre adherido a las normas y buenas costumbres de la casa como tal, y al bellísimo templo neobizantino tan apetecido por las familias para las celebraciones religiosas.

Comenzó a necesitar cada vez más ayuda por las goteras de la edad y el Parkinson, no tanto por el problema de la vista o el oído, y fue llevado a la RAE de Palencia, y poco después en 2019 a nuestra casa de Salamanca que él prefería, donde falleció el 8 de noviembre de 2021. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de San Carlos Borromeo de la ciudad. Mientras tanto nosotros oramos con la parábola de Jesús: Porque has sido fiel en lo poco, entra al banquete de tu Señor.

P. Antonio de Mier Vélez, OSA

16. Salvador Cazorro, Juan Manuel

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