(4 de marzo de 1932– 2 de enero de 2022)

P. Samuel Rubio Calzada, OSA

Un alumno del Colegio de los Olivos de Málaga, con gracejo andaluz y cariño agradecido, calificaba así hace unos años al P. Samuel durante su estancia en el Colegio de Málaga: “El vaquero solitario”. Se servía de este símil para describir la persona del P. Samuel. La primera impresión que se desprende de este articulillo es de guasa andaluza ante un profesor leonés quijotesco, por su austeridad en las formas y por su misión de “inspector”, de vigilante de los alumnos. Pero según va describiendo las hazañas de este “vaquero solitario”, uno va descubriendo poco a poco cómo llegaba al corazón y alma de este gran profesor, amigo y compañero.

 

Tras describir las peripecias de los alumnos que así le calificaron injustamente, -aunque sin malicia- el autor del artículo da un quiebro a su narración y nos dice justamente lo siguiente: “Me he permitido esta pequeña licencia literaria para tratar de reflejar esa aura misteriosa y esa leyenda, a mi juicio injusta, que rodeaba la figura del P. Samuel Rubio Calzada. Bajo su gesto severo, siempre le encontré un parecido físico razonable con algunos actores de cine con su corte de pelo casi militar; bajo su mirada interrogadora, su nariz aguileña y cara afilada, se escondía algo más que un sargento de hierro de los marines agustinos. Es más: tenía debilidad por la naturaleza, los animales y por los alumnos más pequeños, que se le acercaban en los recreos sin ningún tipo de temor. Y era muy habitual verle por las zonas más alejadas del colegio, por los campos, sacando a pasear a los perros pastores del colegio, que le adoraban. Todos estos detalles llegaban a mis ojos y hacían que, aunque no le conociese en profundidad los primeros años, le profesase después una gran admiración, pese al temor generalizado que infundía en algunos. Porque, por encima de otras consideraciones, le consideraba alguien diferente, poco ortodoxo en las formas y algo indómito e independiente en su manera de proceder. Y eso me encantaba”.

 

Pasa el alumno articulista a valorar encomiásticamente sus clases de lengua, su trato de absoluta camaradería, procurándoles la mejor preparación posible: “Una muestra de su confianza en nosotros y que venía a echar por tierra esa leyenda negra que le acompañaba, fue que nos permitía fumar en clase, algo hoy totalmente inconcebible. Otra demostración de su preocupación por nuestra preparación en su asignatura fue la de facilitarnos los apuntes redactados de todo el temario de Lingüística, algo sin precedentes en todos los años de estudiante en Los Olivos. Este leonés austero, de espigada figura y gesto adusto no era un pistolero a sueldo ni el jefe de los antidisturbios del colegio. Tras esa figura solitaria y a contracorriente se escondía un alma generosa con un corazón noble y puro. Y es una de las personas que pasó por los años más comprometidos de mi vida, por las que más admiración y respeto profesé. Siempre me gustó el carácter recio de las gentes del Norte, leonés de pura cepa. Serio pero trabajador; cerrado, pero con una extraordinaria nobleza y autenticidad…”

 

Quien escribe esta memoria corrobora cuanto se dice en esta simpática recordación. Hay una frase de San Alonso de Orozco en su obra Arte de amar a Dios, en la que describe así a las personas generosas como el P. Samuel: “Hay algunos hombres que tienen muy buen parecer y vista, como melones, y calados, están carcomidos o podridos. Hay otros, al revés, que son como nueces, amargos y duros al principio, y al fin dulces y muy sabrosos”.

 

Durante doce años tuve la suerte y el don de convivir con él en la comunidad del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, pude apreciar la grandeza de alma y profundos sentimientos que albergaba en muchos momentos de la vida comunitaria y su disponibilidad a ayudar en cuanto se le pidiese. Con motivo del traslado de los restos del Beato José Esnaola, del cementerio de Leganés al Monasterio, pude apreciar su generosa ayuda y los profundos sentimientos que le embargaban cuando fuimos varias veces a darnos una vuelta por el que fue seminario agustiniano. Le vi llorar como un niño en lo que fue capilla y recordando la muerte de un compañero de clase por meningitis. Genio y serio por fuera; generoso, servicial y sentible por dentro.

 

Los particulares de la vida del P. Samuel se pueden resumir en estos datos: Nació en Posada de Omaña (León) un 4 de marzo de 1932.Era el primero de dos hermanos. Sus primeros estudios fueron en Leganés durante los años 1945-1949. Novicio en Leganés el curso1949-1950. Estudia tres años de Filosofía y cinco de Teología en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Ordenado sacerdote en 1957. Sus estudios superiores de Filosofía y Letras los realiza en Bogotá, licenciandose en 1973. Y saca un Diploma en Francés.

 

Toda su actividad educativa estuvo en los colegios. Primero en el Colegio Alfonso XII, durante los cursos de 1958-1964. Pasa a continuación al Colegio San Agustín de Málaga, cuatrienio 1964-1968. Es trasladado de nuevo al colegio Alfonso XII como vicerrector. En 1970 viaja a Bogotá para cursar estudios superiores de Filosofía y Letras. Terminado su periplo americano, es destinado al Colegio de los Olivos de Málaga como Director Técnico, de 1973 a 1979. Este mismo año pasa al Colegio Alfonso XII como Vicerrector. En 1986 se encuentra en la comunidad del Monasterio, sin dejar de ser profesor en Alfonso XII; y a partir de 2003 hasta 2021 pertenecerá a la comunidad conventual. Aquí vivirá una vida “monacal” sirviendo a la comunidad en labores ordinarias con gran entrega y sensibilidad: actividad pastoral en la basílica, capellán de las carmelitas de clausura, atención el observatorio meteorológico, cultivar tomates en la huerta a veces en noble lid con el P. Teófilo Viñas, cuidar las plantas de tres patios menores del Monasterio.

 

Durante su estancia juvenil en el coro de la basílica siempre sobresalió por su voz poderosa entre “los bajos”. En cierta ocasión, en un solo, su vozarrón fue de tal potencia en la antífona “Tu terribilis es”, que su tío, el musicólogo Samuel Rubio, que estaba en otro asiento del coro, de lo que no se había percatado el sobrino, no pudo aguantar aquel exceso de voz y le soltó: el “terribilis eres tú”.

Su currículum no termina aquí. Mientras su salud mental y personalidad fue siempre recia, sin embargo, su salud física fue un calvario, al tener que soportar una dura dieta en su alimentación. Con austeridad espartana soportó durante años estas limitaciones. Y al empeorar la situación pidió ser trasladado a la RAE de Salamanca. Y aquí inició su Calvario: primero tuvieron que amputarle algunos dedos de los pies, después una pierna y finalmente la otra. Los dolores que padecía eran tan intensos que pedía al Señor le llevase pronto a su seno. No obstante, su actitud ante la enfermedad fue la de una total confianza en el Señor. Gracias a Él soportó con paciencia y serenidad cómo desmembraban su cuerpo hasta su muerte el día 2 de enero de 2022 en el convento de Salamanca.

Confiamos y pedimos al Señor que Samuel disfrute ya de la paz sin ocaso, de la que no pudo disfrutar en los últimos años de su vida.

P. Antonio Iturbe Saíz, OSA

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01. P. Samuel Rubio

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