(26 de noviembre de 1934 – 21 de enero de 2022)

P. Nicolás Juárez Carro, OSA

Palentino y de San Felices de Castillería para más presunción. Allí nació el 12 de mayo de 1930, en el hogar de Ricarda y Teodosio, de profesión guardia civil, lo que por aquellos años auguraba itinerancias de un pueblo a otro. Bautizado a los 10 días en la iglesia románica de San Pedro ad Vincula, no pudo subir a su espadaña, porque ya a los cinco años salió para Cisneros, donde comenzó a deletrear como párvulo.

Luego saltó hasta la capital palentina para matricularse en los Hermanos de la Salle, hasta que el año 1942 ingresó en el Seminario Menor Agustiniano de Valencia de Don Juan (León) para cursar el trienio de Latín y Humanidades y el primer año de Ciencias (1942-1946). Continuó en Valladolid con los logaritmos y el bienio filosófico (1946-1949). Y llegó al noviciado y le impuso el hábito agustino el vicerrector de Valladolid fray Manuel Ramos, y al cabo de un año y un día recibió sus votos el prior fray Dictinio Rodríguez. Y a partir de entonces tuvo que contemporizar estudios teológicos (1950-1954) con `votos y ministerios´: ante el rector fray Rafael emitió la profesión solemne el 2 de agosto de 1953, y el 11 de julio de 1954 fue ungido presbítero por el emérito obispo de Changteh fray Gerardo Herrero, OSA, en el Real Colegio Seminario de Valladolid.

Su primer destino lo firmó el provincial fray Crescencio Fernández enviándole al recién estrenado vicariato venezolano. Se embarcó el 4 de septiembre de 1954 para su destino soñando con mares y tierras nuevas, que se encarnaron en el Colegio San Agustín de Charallave (Estado de Miranda). Más que un sueño fue más un duermevela, pues el prior general fray Engelbert Eberhard lo llamó desde la Roma para otros empeños.

A Roma llegó el 11 de enero de 1957, por mar procedente de La Guaira, puerto caraqueño. Fue incardinado en la comunidad colegial de Santa Mónica para ayudar en la edición de la revista Acta Ordinis, de la que pasó a ser director (1958-1966); fue también secretario y director de Analecta Augustiniana (1960-1972; 1972-2005). Fue vicemaestro de profesos y alumno en la Gregoriana, donde se laureó en Historia de la Iglesia en 1964. Comenzó a romper lanzas como profesor dando clases de Historia y Metodología ya en 1961 y desde 1970 en el Patristicum la Paleografía latina. Por su condición de hijo de la Provincia agustina de Filipinas fue nombrado subsecretario de la Comisión de Misiones (1965). Además, ejerció de postulador general de la Orden (1968-1977), y desde 1978 hasta su jubilación en 2005 alternaba docencia en Roma y Valladolid. En 1985 la Academia Portuguesa de la Historia le nombró académico correspondiente por su contribución al conocimiento de la India colonial.

Valladolid fue su última comunidad. En 1994 fijó su residencia y, además de la docencia, desempeñó los cargos de director de la revista Archivo Agustiniano (1978-2010) y archivero (1995-2010). A causa de sus achaques y operaciones pasó en 2015 a la Residencia de Atención Especial (RAE), donde falleció el 21 de enero de 2022.

Carlos siempre célebre por su celeridad: ágil en andar, vívido en pensar, veloz en hablar, raudo en servir, presto en ayudar. De su etapa romana destacamos su fidelidad en las responsabilidades encomendadas, así como su constancia en visitar los archivos de la Orden y Vaticano, principalmente, para volcarlos en sus publicaciones (Bullarium Ordinis y misiones en Armenia e India). Buen conversador y cicerone por itinerarios históricos. En su etapa ibérica continuó con su línea de actuar: silente en la oración, diligente en la preparación de las clases, constante en la atención a todo el que visitaba el Archivo, complaciente en la vida de comunidad, y agradecido siempre.

Que el Señor de la Vida abundante premie sus desvelos y afanes, y a quien fue tan célere le colme del descanso eterno en su presencia.

P. Jesús Álvarez Fernández

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