(26 de noviembre de 1934 – 21 de enero de 2022)

P. Nicolás Juárez Carro, OSA

Nacer en España en 1934, en el pueblo de Faramontanos de Tábara (Zamora), significa nacer en un lugar y momento histórico que conlleva varias características: un país agrícola, con familias numerosas, pobres, católicas y a las puertas de una guerra civil (1936-1939). Ser niño durante y después de la guerra implica acostumbrarse a la escasez, que no a la tristeza. La suya es una generación de personas trabajadoras y fuertes, que afrontan las dificultades y salen adelante.

El P. Nicolás realiza los estudios primarios y secundarios entre su pueblo y el Seminario Menor de los agustinos en Valencia de Don Juan (León). En Valladolid, en el Real Colegio Seminario de los PP. Agustinos, lleva a cabo el año de Noviciado y profesa de Votos Temporales el 28 de septiembre de 1956. Allí mismo hace los estudios de Filosofía y Teología, emite los Votos Solemnes el 2 de abril de 1960 y es ordenado sacerdote el 17 de julio del mismo año. Después de hacer un curso de pastoral en Salamanca, es enviado en el año 1961 a las misiones de Iquitos, en la Selva del Perú, donde vive los restantes 60 años de su vida religiosa sacerdotal.

La pastoral de su generación se centra en la puesta en práctica del Concilio Vaticano II, uno de cuyos aportes principales es el repensar la Iglesia como “Pueblo de Dios”. En este sentido, el P. Nicolás es un sacerdote del pueblo y, además, popular, que está al servicio de las personas, especialmente las más pobres y sencillas. Acompaña a los grupos eclesiales que nacen bajo el amparo del Concilio, pero también anima y está al lado de la religiosidad popular. Se siente a gusto en las fiestas patronales de las comunidades, procesiona al patrón por las calles, festeja en las “veladas” a la Virgen o a algún santo y es el primero en sacar el pañuelo para danzar ante la imagen, lleva los sacramentos o el consuelo a la gente humilde en sus casas.

Los primeros diez años de su estancia en la selva los pasa en la ciudad de Iquitos, entre la Iglesia Matriz (San Juan Bautista) y Santo Cristo de Bagazán. Además de las tareas parroquiales, también trabaja como profesor en los colegios públicos. En 1971 es destinado al pueblo de Intuto, en el río Tigre, donde además de párroco, también ejerce de gobernador civil. Allí ve cómo los pueblos indígenas Kichwa y Achuar, de los ríos Tigre y Corrientes, se asientan en comunidades alrededor de la escuela. Es testigo del primer impacto del petróleo en estos ríos y acompaña a una delegación de la Universidad de la Sorbona de París en un trabajo sobre el impacto petrolero en estos pueblos indígenas del río Tigre.

Después de un año de actualización pastoral en Medellín (Colombia), vuelve en 1979 a Iquitos, donde construye la Iglesia Amazónica, tanto la dimensión espiritual de la misma con los grupos de reflexión, oración, celebración, marianos, como la material con los templos y capillas y la caritativa con los Centros de Capacitación para gente sin recursos. Todo ello lo realiza en las parroquias de Ntra. Sra. de Fátima y La Inmaculada Concepción, en la parte de la ciudad que les corresponde y en la parte de los ríos Itaya, Nanay y Momón que tienen encomendados.

 

El P. Nicolás nunca tiene problemas con la gente, el clima, la comida, la vivienda, el lugar donde vivir y dormir. De la selva hace su morada y de la población amazónica su familia. Nunca piensa en volver a España.

Tal como él soñó, descansa en la paz del Señor como misionero agustino en las tierras peruanas donde entregó su vida.

Fr. Marcelino Esteban Benito

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