(6 junio 1925 † 13 marzo 2022)

P. Andrés Pallarés Merino, OSA

La noche del 13 de marzo de 2022, Dios nuestro Señor, llamó a su presencia a nuestro hermano, el padre Andrés Pallarés Merino, quien residía en el convento San Alonso de Orozco de Chitré, Herrera, en Panamá.

Nació en Alquerías, pedanía del municipio de Murcia, Comarca de Huerta de Murcia, Región y Provincia de Murcia, España, el 6 de junio de 1925 en el seno de una piadosa y cristiana familia conformada por los señores Francisco Pallarés y Remedios Merino de Pallarés. Fue el pequeño de una familia de nueve hermanos. Bautizado en la Parroquia San Juan Bautista de Alquerías, Diócesis de Cartagena, el mismo día de su nacimiento. En su pueblo natal realizó sus estudios primarios (1943-1940). Ingresó al Seminario de Leganés, donde realizó estudios de humanidades (1940-1942). Tomó el hábito de nuestra Orden en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, iniciando su noviciado el 12 de noviembre de 1942 e hizo su primera profesión de los votos temporales en el mismo Real Monasterio el 13 de noviembre de 1943. Allí concluyó sus estudios teológicos. Su profesión solemne la emitió el 13 de noviembre de 1946 y el Orden del Diaconado lo recibió de manos de Mons. Agostino Felice Addeo, O.S.A., Obispo titular de Traianapoli de Frigia, el 2 de octubre de 1949. Una vez concluida su preparación académica institucional, fue ordenado sacerdote el 19 de febrero de 1950, de manos de Mons. Arbeláez.

A lo largo de su dilatada vida se desempeñó en diversos servicios: En 1950 es destinado al Colegio San Agustín de Málaga desempeñando el cargo de profesor e inspector, oficio en el que se mantuvo durante diez años. De 1960 a 1964 pasó a ser Suprior, Consejero y Sacristán de la Casa-Colegio de Palma de Mallorca. Dispuesto en el amor a Dios y en el servicio al pueblo el P. Andrés Pallarés cruza el océano en 1964 poniendo rumbo a Ecuador, desempeñando el oficio de Párroco en Ibarra. En Ecuador permanece hasta 1971 cuando la obediencia le destina a la comunidad de la Catedral San Juan Bautista de Chitré. Aquí vivirá los 50 últimos años de su fructífera labor en los diversos oficios pastorales que se le confió: Suprior de San Juan Bautista de Chitré (1970-2002) y Ecónomo (1976-1978); Suprior del Convento San Alonso de Orozco (2005-2018); Vicario Parroquial de la Catedral San Juan Bautista de Chitré (1971-2001) y Vicario Parroquial del Rosario de Chitré (2001-2022).

Mención especial merece su desempeño como cuasi párroco y párroco de La Arena de Chitré, Panamá donde por 35 años (1971-2006) se dedicó en cuerpo y alma a organizar la vida parroquial, demostrando su creatividad pastoral. Bajo su guía la comunidad de La Arena creció y maduró en la fe y adquirió pronto fama en la Diócesis por su coro, sus procesiones, su Semana Santa y muy especialmente por el “Sermón de las siete palabras”, retransmitido y escuchado a nivel nacional por Radio Reforma de Chitré. Como él mismo lo indicaba en su despedida de la comunidad parroquial: “Todo lo que pudimos, fue porque teníamos las manos cariñosas y fuertes de una madre: la Virgen de la Merced”. Dotado de una energía y grandeza de espíritu muy por encima de su estatura. Desde los primeros años de ministerio se destacó como predicador de potente voz, documentada erudición y ameno discurso. Durante muchos años sirvió con celo apostólico y dedicación al pueblo, siempre cercano y querido por la gente sencilla. Dedicó largas horas a confesar a los fieles, y desarrolló, además, una ejemplar dedicación a la pastoral de la salud, llevando el consuelo y los sacramentos de la reconciliación, unción y eucaristía a los enfermos en su cotidiana visita a los hospitales. Fructífero fue, igualmente su trabajo con el Movimiento de Cursillos de Cristiandad (a cuyo fundador, Eduardo Bonnin Aguiló, unían lazos de amistad) que promocionó en la Diócesis de Chitré, como asesor diocesano (1971-1997). Muy conocido y querido, se desgastó al servicio del pueblo chitreano y arenero.

Sus últimos años los pasó en el Convento San Alonso de Orozco y parroquia de Nuestra Señora del Rosario, donde el Padre Celestial, nuestro creador y dueño de la vida, le llamó a su presencia, para hacerlo partícipe, según su voluntad, de su infinita gloria. Sus exequias fueron un emocionado homenaje de los fieles de las tres parroquias a las que sirvió como buen sacerdote, escoltado por el Benemérito Cuerpo de Bomberos de Chitré, del que fue capellán y sepultado, según su deseo, en el Cementerio de La Arena, acompañado por los cantos de su gente arenera. El domingo 13 de marzo, luego de las celebraciones del Nazareno, al final del rezo de su rosario, tal como lo había anunciado, a los 95 años de edad y 78 de vida religiosa dispuso su morada terrenal, para tomar parte en la herencia de los justos. Llenos de esperanza en el amor de Dios creemos piadosamente que nuestro hermano ya descansa de sus fatigas, esperando el domingo sin ocaso, con la confianza puesta en aquello que nos dice nuestro padre San Agustín: Esta será la meta de nuestros deseos, amaremos sin hastío, alabaremos sin cansancio. Este será el don, la ocupación común de todos, la vida eterna. En aquel sábado nuestro, el término no será la tarde sino el Día del Señor, como octavo día eterno, que ha sido consagrado por la Resurrección de Cristo, santificando el eterno descanso. Allí descansaremos y contemplaremos, contemplaremos y amaremos, amaremos y alabaremos (De Civitate Dei, XXII 29-30).

P. Rolando Gilberto Castillo, OSA

05. Pallarés Merino, Andrés

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