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Parroquias y colegios agustinos participan en la XXXIV Marcha Mariana: Marchando por una sonrisa

El sábado 4 de junio, familias de los colegios agustinos y feligreses de las parroquias atendidas por la Provincia de San Juan de Sahagún, han participado en la XXXIV Marcha Mariana desde Peñaranda de Duero, hasta el Monasterio de Santa María de La Vid (Burgos), en una edición que ha vuelto a ser presencial, después de dos años de pandemia.

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Familias de colegios agustinos, fieles de parroquias agustinas y religiosos agustinos participaron en la Marcha Mariana.

Participaron trescientas personas provenientes de distintos lugares, en una jornada  que tuvo varios momentos. Por una parte la  peregrinación, por otra la comida fraterna en las inmediaciones del Monasterio de La Vid y, finalmente, la Eucaristía. En la colecta de esta última se recaudaron 1.500 euros que se destinarán a apoyar a las religiosas agustinas de Netia, en Mozambique.

Teresa Vinader, catequista del Colegio Buen Consejo de Madrid nos ha enviado la siguiente crónica de la jornada.

La peregrinación

El primer sábado de junio, como es tradición, autobuses y vehículos particulares se congregan en las inmediaciones del municipio de Peñaranda de Duero. Son las 10.30 horas y gentes de edades y vestimentas heterogéneas nos reunimos en la plaza delante de la iglesia y, sin embargo, nos une un sentimiento común, la espiritualidad agustiniana.

Venimos de las parroquias y colegios de la provincia de San Juan de Sahagún y nos disponemos a iniciar una jornada de convivencia y oración en torno a Nuestra Señora de la Vid. Tras un breve rezo en la ex-Colegiata de Santa Ana, iniciamos nuestra marcha con la pequeña imagen de la Virgen a la que acompaña, en este primer tramo por el pueblo, su patrona, Nuestra Señora de los Remedios. Recorremos sus preciosas calles acompañados por los vecinos y nos detenemos brevemente bajo el convento de las madres franciscanas que nos saludan desde su balcón-celosía.

Nos despedimos de los habitantes de Peñaranda y su Patrona y nos disponemos a iniciar nuestro camino. Pararemos cada kilómetro del recorrido para que cada parroquia o colegio haga una pequeña reflexión sobre la figura de María y relevarnos portando su imagen por los campos llenos de amapolas.

La sonrisa de la Virgen

Mas o menos cansados, por fin llega nuestra ansiada recompensa, esa sonrisa que Nuestra Señora de la Vid nos regala desde su camarín. Nosotros, esos pequeños sarmientos de la parábola (Jn 15,1-8), como los que nos han acompañado durante todo nuestro recorrido, nos disponemos a presentarle todas nuestras intenciones, acumuladas durante estos dos años de ausencia por las restricciones obligadas por la pandemia. Dudas, propósitos, anhelos particulares y compartidos que, sin duda, acogerá con el mismo cariño con el que sostiene a su hijo en su mano izquierda.

San Agustín es, entre otras muchas cosas, comunidad, amistad y compartir; eso es lo que hacemos durante el camino, en la comida, todos juntos bajos los olmos del jardín del monasterio y en la eucaristía, que culmina la jornada. Este año ha coincidido con la fiesta de Pentecostés; igual que los apóstoles y la Virgen nosotros estuvimos juntos en oración esperando ese regalo del amor del Padre y el Hijo, el Espíritu que nos ayuda en el caminar del cada día y nos anima a seguir produciendo los frutos necesarios para el mundo.

¿Te animas a acompañarnos el año próximo? Si Dios quiere, allí estaremos de nuevo en la trigésimo quinta edición de la marcha mariana al Monasterio de Santa María de La Vid.
Maria mediadora y reina de la paz cuidó y cuida nuestro caminar.

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