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Sagrado Corazón de Jesús, el mismo que es fuente de la espiritualidad agustiniana

La Iglesia celebra cada 11 de junio la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que se remonta al S. XI y que, en los últimos años, ha adquirido más popularidad. Esta piedad se centra en la persona de Jesucristo, en su corazón como centro vital y expresión de su entrega y amor total.

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Esta advocación comienza en la fe popular de los cristianos del bajo medioevo, que desarrollan una veneración profunda y expresiva de la Humanidad Santísima de Cristo sufriente en la Cruz. Se difunde así el culto a la corona de espinas, los clavos, las llagas… y al Corazón abierto, síntesis de todos los padecimientos del Salvador por amor a la humanidad. Estas formas de piedad dejan su impronta en la Iglesia, de modo que en el siglo XVII nace la celebración litúrgica de la solemnidad del Sagrado Corazón.

Sagrado Corazón de Jesús, el mismo que es fuente de la espiritualidad agustiniana, se celebra cada 11 de junio.

Es el 20 de octubre de 1672 cuando el sacerdote francés P. Jean Eudes celebra por primera vez una misa propia del Sagrado Corazón de Jesús y, a partir de entonces, se difunden por Europa las visiones que tiene la religiosa francesa santa Margarita María Alacoque sobre la expansión de este culto. Finalmente, Pío IX extiende oficialmente a la Iglesia latina esta fiesta. Adquiere tal alcance la devoción que la imagen del Sagrado Corazón de Jesús aparece en pinturas, estandartes, banderas, postales, recordatorios, y su escultura la vemos en plazas, templos, instituciones. Naciones, ciudades, pueblos, se consagran al Sagrado Corazón de Jesús, y congragaciones religiosas y hermandades surgen al amparo de esta devoción.

Hasta hace no mucho tiempo, era frecuente que en los hogares la imagen del Sagrado Corazón de Jesús presidiera la entrada de la casa o una estancia principal. Esta costumbre llega un momento en que desaparece prácticamente. Sin embargo, en los últimos años parece haber ganado popularidad entre grupos de cristianos que dedican el mes de junio a profundizar en esta espiritualidad con catequesis y celebraciones. De hecho, en algunas parroquias y comunidades es cada vez más frecuente que en torno al 11 de junio las familias que lo deseen se consagren al Sagrado Corazón de Jesús.

La espiritualidad agustiniana se encuentra muy cercana al sentido de esta piedad. San Agustín, además del ser un intelectual y pensador profundo, es un hombre que ama con todo su corazón, con toda su alma. San Agustín estuvo muchos años alejado de Dios porque su corazón estaba preocupado en muchas cosas de este mundo. Cuando logra hacer suyos, no solo los pensamientos de Jesús, sino también los sentimientos de su corazón, es cuando descubre el sentido pleno de la vida que no es otro que amar a Dios y después al prójimo. Él mismo les indica a sus hermanos de comunidad que “habiten unánimes en la casa y tengan una sola alama y un solo corazón en camino hacia Dios”.

Hablar de Jesús y hablar de San Agustín es hacer referencia a dos corazones amantes, el uno fuente y manantial para el otro. Entregarse, dar la vida, velar por los más pobres y necesitados, denunciar la injusticia, consolar, animar, proteger, ser bondadoso, misericordioso. Características de un corazón lleno de Dios y de una espiritualidad agustiniana.

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