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San Pedro y San Pablo en la selva Amazónica del Perú

Desde principios del s. XX, los agustinos están presentes en el noreste de la Amazonía peruana. La Santa Sede les había encomendado esa parte del Perú para que fueran de misioneros a evangelizar los pueblos que se encontraban por los ríos Marañón, Amazonas y sus afluentes. Desde entonces, se ha ido construyendo la Iglesia Amazónica poco a poco, con el obispo presidiendo y animando al Pueblo de Dios.

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En la actualidad, Mons. Miguel Ángel Cadenas, OSA, es el Obispo del Vicariato Apostólico de Iquitos. Él es español, tiene 56 años y lleva 28 residiendo en la selva amazónica. Su vivencia y trabajo misionero, antes de ser nombrado obispo, ha tenido lugar con los pueblos nativos en la parroquia de Santa Rita de Castilla y en la de Nauta y, con poblaciones ya mestizas, en la ciudad de Iquitos.

Desde principios del s. XX, los religiosos agustinos están presentes en el noreste de la Amazonía peruana.

Aprovechando que acaba de llegar a España de vacaciones, y ya que estamos en la fiesta de San Pedro y San Pablo, hemos querido saber cómo se encarnan la vivencia evangélica de estos dos apóstoles en la selva.

San Pedro, el shungo amazónico

El religioso agustino, Mons. Miguel Ángel Cadenas, señala que el pueblo amazónico, en general, ya ha oído hablar de Jesús, pues en el s. XVII llegaron los primeros misioneros, en este caso jesuitas, a esta zona. En este sentido, se puede decir que existe un ambiente cristiano, tanto en los pueblos del río como en la ciudad.

Nos recuerda que, pensando en la población, existe como un millón de habitantes en el Vicariato. De estos, un poco más de la mitad están en la ciudad de Iquitos y, el resto, a lo largo de los ríos. Es la ciudad la que acoge, fundamentalmente y, desde hace más de treinta años, la pastoral de conjunto cuyo objetivo es formar comunidades cristianas de base.

Aquí, expresa Monseñor, soy más como San Pedro, caminando con el Pueblo de Dios existente, acompañando, animando, siendo el primero en el servicio, ejerciendo como Pastor. Por cierto, señala Monseñor, “shungo” es el pilar de una casa que se hunde en el suelo y la enraíza y sostiene ante todas las inclemencias.

San Pablo, el misionero entre los indígenas

Si he de decir la verdad, mi corazón se inclina un poco más hacia la labor que realizaba San Pablo. Durante muchos años he estado con grupos indígenas, diríamos los gentiles del tiempo de Pablo. Mi mayor inquietud ha sido conocer sus culturas para saber cómo hacerles llegar el mensaje de Jesús.

El Vicariato de Iquitos necesita muchos “pablos” que quieran hacer de su vida un testimonio, muchas veces silencioso, entre los pueblos indígenas. Para el Vicariato, esto es un gran reto. Se han hecho muchas cosas, pero hay que seguir avanzando, teniendo en cuenta que se necesitan tiempo y personas

Para Mons. Miguel Ángel, San Pablo nos invita a todos los agentes de pastoral del Vicariato a salir hacia los que tienen otra cosmovisión, otra forma de ver la realidad, en este caso desde los ojos y el corazón amazónicos. Una labor enteramente misionera.

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