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V Domingo de Pascua: Evangelio según San Juan (15, 1-8)

Vivir la Pascua no es algo estático. La vivencia de la Pascua contiene la potencialidad alegre y festiva de seguir creciendo en nosotros. Este domingo el Evangelio nos invita a hacerlo con una clave esencial: crecer viviéndola en comunidad.

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Seguimos haciendo Pascua. El V Domingo de Pascua nos abre grandes posibilidades desde la fe como fuerza operativa. Vivimos tiempos recios a nivel sociopolítico, pero a tiempos recios gracias grandes.

La fe pascual nos sale al paso ante las dudas y la desorientación que nos aqueja por los vientos que soplan: Permaneced en mí y yo en vosotros (Jn 15,4). (2) Pascua es dar el paso es movernos al ritmo del Espíritu del Resucitado.

Vivir la Pascua no es algo estático. La vivencia de la Pascua contiene la potencialidad alegre y festiva de seguir creciendo en nosotros.

Esta semana que empezamos ¿cómo va a ser?, ¿cómo la voy a vivir?, ¿cuál será mi referente para mis decisiones diarias? Vemos en los “mass media” una continua saturación de ideas que en muchos de los casos son antagónicas y que hacen incierto nuestro caminar. Ante esta innegable realidad, nos sale al paso la luz pascual que es la fe en Cristo resucitado, representado en el cirio pascual que se desgasta en cada una de nuestras comunidades, pero que, aunque su luz oscile por la brisa, no deja de iluminarnos. Esta fe pascual no es algo estático, sino que contiene la potencialidad alegre y festiva de seguir creciendo en nosotros, pero con una clave esencial: crece viviéndola en comunidad.

La fe crece por la escucha atenta y obediente de la Palabra (Rm 10,17). Es un esquema de vida: presencia- encuentro – comunión. Siguiendo a san Agustín la presencia de Dios en medio de nosotros, no siempre evidente pero cierta, es provechosa para nosotros sus discípulos. En efecto los sarmientos están en la vid de tal modo que, sin darles ellos nada a ella, reciben de ella la sabia que les da vida; a su vez la vid está en los sarmientos proporcionándoles el alimento vital sin recibir nada de ellos. Así hermanos tener a Cristo y permanecer en Cristo es de provecho para sus discípulos, no para Cristo (cfr. Comentario al Evangelio de san Juan 81). (4) Tenemos una realidad que nos devuelve con vida a la vida: ¡Cristo esta presente en medio de nuestra comunidad! Es vital que demos una repuesta a su presencia. El paso a dar sería salir al encuentro de Cristo presente en su Palabra, en la Eucaristía y en todos los hermanos, de manera muy especial en quienes más lo necesitan.  De allí viviremos la alegría pascual de la comunión con los hermanos. Si el mundo dice estar en división, los amigos de Cristo hemos de ser testigos de unidad.

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