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Celebramos la XXX Jornada Mundial del Enfermo en la festividad de Nuestra Señora de Lourdes

Un año más nos encontramos con la Jornada Mundial del Enfermo, celebración que inició Juan Pablo II en 1992 y que se lleva a cabo cada 11 de febrero en la festividad de Nuestra Señora de Lourdes. El lema elegido para esta trigésima jornada es: “Sean misericordiosos, así como el Padre de ustedes es misericordioso»

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Este viernes, la Iglesia en España arranca la Campaña del Enfermo 2022, que se prolongará hasta la Pascua del Enfermo, en el VI Domingo de Pascua.  El lema para este años es “Acompañar en el sufrimiento”, clave del trabajo pastoral con los que viven la enfermedad y quienes los cuidan. En esta línea está también el mensaje del papa Francisco para la Jornada. En sus palabras señala la necesidad de “estar al lado de los que sufren en un camino de caridad”.

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El cuidado de los enfermos y la pastoral de la salud

La Jornada Mundial del Enfermo es una ocasión propicia para fijar nuestra atención en los centros de asistencia sanitaria donde se acoge y cura a enfermos de todo tipo. Pero, sobre todo, tomar conciencia de la situación de aquellos que no reciben respuesta por la pobreza o exclusión social en que se encuentran.

El enfermo pone ante los sanos cada cosa en su sitio. Lo importante, como principal; lo relativo, como secundario. La enfermedad y la muerte dan razón a la propuesta evangélica: “Buscad primero que reine su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”. Cuando la comunidad atiende a sus enfermos está cumpliendo su primera tarea evangelizadora: “Cristo recorría las ciudades y aldeas curando todos los males y enfermedades en prueba de la llegada del Reino”

La Iglesia recibe como un tesoro el mandato de Jesús y pone toda su atención al cuidado de los enfermos, promoviendo el bienestar y salud del hombre en su integridad física, síquica y espiritual. El testimonio eficaz de tantos agentes y voluntarios comprometidos en esta misión, son una fuerza valiosa para hacer de nuestras parroquias y colegios centros de humanización del mundo del dolor y del sufrimiento.

El dolor y el sufrimiento no son una maldición, sino que tienen su sentido hondo. El sufrimiento humano suscita compasión, respeto, solidaridad; pero también atemoriza. Sólo a la luz de Cristo se ilumina este misterio. Desde que Cristo asumió el dolor en todas sus facetas, el sufrimiento tiene valor salvífico y redentor, si se ofrece con amor.

Cómo no recordar, a este respecto, a los numerosos enfermos que, durante este tiempo de pandemia, han vivido en la soledad de una unidad de cuidados intensivos la última etapa de su existencia atendidos, sin lugar a dudas, por agentes sanitarios generosos. He aquí, pues, la importancia de contar con la presencia de testigos de la caridad que derramen sobre las heridas de los enfermos el aceite de la consolación y el vino de la esperanza,

Salgamos, salgamos, señala el Papa Francisco, a ofrecer a todos esa vida que nace de Jesucristo, recitando, una vez más, su propio renovador eslogan: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”.

Nuestra Señora de Lourdes

La Virgen de Lourdes es una de las advocaciones marianas a la que más milagros se le atribuyen. Su origen se dio en Lourdes, Francia, tras aparecerse como “la Inmaculada Concepción” ante la joven de 14 años de edad, Bernadette Soubirous.  Desde entonces, son muchas las personas que, año tras año, acuden en peregrinación al santuario de Lourdes. Allí buscan la sanación de sus dolencias, o incluso algún milagro que les libere de su enfermedad. A ella se encomiendan muchos enfermos con oraciones  para el alivio de su dolor.

 

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